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    El fantasma de Oscar Wilde
     


    Capítulo primero

     
    Truman Capote tecleaba furiosamente las últimas líneas de su primera novela, Otras voces, otros ámbitos1cuando se le apareció el fantasma de Oscar Wilde. En los dos últimos meses Capote apenas salía de la jaula de su habitación, era consciente de que se estaba jugando su futuro como escritor. Había regresado a los paisajes de su infancia, para recuperar el tiempo perdido y escuchar a las musas. La inesperada visita del fantasma le devolvió a la realidad, estaba agotado, pero aquella presencia le era demasiado familiar como para ignorarla.


    - ¿A qué debo este honor?, preguntó con su vocecilla atiplada.

    - Querido muchachito, el honor es mío, replicó el fantasma con su vozarrón espectral. Wilde se fue acercando lentamente a Capote, envuelto en una neblina verdosa, como Kim Novak a James Stewart en Vértigo (esto sucedería diez años más tarde, pero el anacronismo es una licencia literaria muy adecuada cuando no se nos ocurre nada mejor). Capote iba a repetir la pregunta, pero Wilde le leyó el pensamiento (privilegio de fantasma).


    - Querido Caposy, mi visita obedece a órdenes de la superioridad del Parnaso, Wilde frenó su avance y con indolencia se recostó en el lecho próximo al escritorio de Capote.

    - Me estás dicieeeendo (Capote atipladísimo) que tú ¿acatas órdenes?


    - Ay, querido niño, ¡Que poco sabes de la vida! (Wilde encendió un cigarrillo y ahumó a Capote), si yo te contara...

    - Pues cuenta, cuenta (Capote se acercó al lecho para escuchar mejor), soy todo oídos.


    - Verás querido, (Wilde, indolencia total), los de “arriba” nos envían de vez en cuando con la misión de tutelar a un escritor en ciernes. El trabajo no fatiga y tenemos toda la eternidad para relajarnos (Wilde suspiró cansinamente).

    -¿Quieres decir entonces que mi tutela corre de tu cuenta? (Capote excitadísimo).

    - Lo has cogido Caposy, tienes buenos reflejos, llegarás lejos muchacho, con esas dotes y mis consejos conquistarás el mundo.

    Truman Capote, a la vez que escuchaba al fantasma, pensaba en a quien mandarían para tutelar a Gore Vidal, seguramente a André Gide (esa maricona francesa de cara rufianesca). Wilde, como es natural, adivinó los pensamientos de Capote.


    - Ay mi pequeñín, ¡que malvado eres!, me entran ganas de tutelarte a fondo. De momento te aconsejo que reserves tus fuerzas, porque te van a hacer falta para enfrentarte al mundo. Yo, sin saber boxear, tuve que enfrentarme al maldito marqués, nada que ver con el Divino Marqués como tu bien sabrás. Acabaron con mi reputación, pero yo gané la posteridad, el que resiste gana amigo mío. “Se creyeron que tenían delante un bufón, pero lo que tenían era un escritor.” Capote asentía, absorbiendo las palabras del fantasma que le sonaban a música para camaleones (será más bien música celestial, es que cuando la loca de la casa se desata no hay plegarias atendidas que valgan), e imaginaba que su vida iba a ser tan excitante como un desayuno en Tiffanis.


    - Te aseguro que a mí no me sucederá, le dijo Capote, pese a mi aparente fragilidad soy como una barracuda y los exterminaré a todos a sangre fría como me llamo Truman Capote.

    - Capopsy, pequeño, no te entusiasmes demasiado, solo recuerda “que el artista es el creador de cosas bellas, revelar el arte y ocultar al artista es la finalidad del arte y que todo arte es completamente inútil”.


    - Capote replicó: pero, si como dices, todo arte es completamente inútil, pero la vida imita al arte, entonces toda vida es inútil.

    - Piensas demasiado cabecita loca, la vida… la vida es sueño, que dijo alguien, aunque a veces se convierte en pesadilla. Pero, dime: ¿de qué trata tu libro?
    - De mí mismo, ¿de qué si no?

    - Cierto, pero recuerda esto otro: “un libro no es, en modo alguno, moral o inmoral. Los libros están bien o mal escritos. Esto es todo”2. Empezaba a oscurecer, el tiempo se había esfumado, Wilde se quedó traspuesto y Capote fantaseaba:


    ¿Qué me deparará el futuro?, ¿Acabaré como el, humillado y ofendido? Wilde abrió los ojos y sonrió giocondamente, no te atormentes, el futuro no importa, vive el presente, ¡Carpe diem! Y no olvides que no hay placer sin dolor ni rosa sin espinas. Wilde se levantó cansinamente, bueno Caposy, mi visita toca a su fin. Capote hizo ademán de levantarse, no te molestes, dijo Wilde, conozco el camino, y recuerda, o mejor dicho, olvida todo lo que hemos hablado, porque no te servirá de nada. Capote quiso replicar pero el fantasma de Oscar Wilde ya se había desvanecido entre las sombras del ocaso.


     

    1- En cursiva figuran los títulos de las novelas más famosas de Truman Capote.
    2- Entre comillas figuran frases de la introducción de El retrato de Dorian Gray, la única novela que escribió Oscar Wilde.

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